
MADRID - Los Simpson cumplen estos días sus primeros veinte años en buena sintonía con la audiencia de todo el mundo. En todo este tiempo, sus cinco miembros han demostrado que nadie es perfecto, y ellos mucho menos, pero se han hecho con un lugar en el universo televisivo. En sus orígenes, la serie creada por Matt Groening eran unos cortos que se incluían dentro de «El show de Tracey Ullman». Tras tres temporadas como personajes invitados, su éxito los llevó a tener su propia serie. Así, el 14 de enero de 1990 se estrenaba «Los Simpson» en el canal Fox. Desde ese día, las aventuras y desventuras de este singular clan de la ficticia ciudad de Springfield han convertido a esta serie en una de las más longevas de la televisión.
La revista «Time» calificó en 1999 a «Los Simpson» como la mejor serie del siglo XX y todo el conjunto goza con una estrella en el Paseo de la Fama en Hollywood. Además, el «Diccionario de Inglés de Oxford» ha incluido entre sus palabras el gruñido de fastidio de Homer. Su éxito ha traspasado la pequeña pantalla y hace dos años se estrenó «Los Simpson: la película», que recaudó 530 millones de dólares en todo el mundo.
En España, «Los Simpson» es la serie estrella de la parrilla de Antena 3, que la emite -al margen de sus temporadas de estreno- en formato de bucle todos los días de lunes a domingo, a las 14.00 horas. En estos veinte años no ha tenido síntomas de cansancio por parte de la audiencia. El clan amarillo de Springfield es una apuesta segura de la privada, dato que queda reflejado a diario en la lista de los espacios más vistos, con una media de dos millones de espectadores. La llegada de las digitales permite también que la serie se pueda seguir a diario por Fox.
A lo largo de estos años, muchos son los personajes que han aparecido de manera episódica haciendo un guiño a la audiencia e incluso prestando su voz. Toni Blair, los Rolling Stones, The Who, Paul McCartney, Bill Clinton, la Reina de Inglaterra, Ronaldo, Richard Gere e incluso su creador, Matt Groening, han tenido su momento de gloria. Los Simpson cuentan en su haber con 25 premios Emmy.
Para celebrar sus primeros veinte años con la audiencia en EE.UU., según informa «Hollywood Reporter», la Fox se viste de color amarillo en honor a los personajes incluyendo su página web y las corbatas de los presentadores de sus programas. En España, Antena 3 se suma al homenaje y dedica toda una noche a la familia amarilla con la emisión de capítulos de estreno correspondientes a su vigésima temporada. A esto se suma una edición especial de «La ruleta de la suerte» en la que participaran como concursantes fans de la serie. Como diría Homer: ¡Moskiss!

David Muñoz, de 18 años, domina las pantallas sin problemas. Tumbado el sofá, con una mano agarra el mando a distancia para ver Física o Química y de reojo echa un vistazo a la pantalla del ordenador, donde se descarga un par de canciones y actualiza su perfil en Facebook. No es ningún experto informático; estudia un módulo de Administración y trabaja en una tienda de artículos de motociclismo en Barcelona. Sencillamente, ha crecido entre pantallas; es un aborigen digital. "Ahora, los padres ya no amenazan a sus hijos con castigarlos sin tele, sino con cerrarles el ordenador", ironiza Muñoz. Más que ser devota de una pantalla, su generación ya las simultanea todas. La del televisor, la del ordenador, la del móvil y la de la videoconsola. Pero la mayoría de adolescentes se inclina por una en especial: un 63% de los jóvenes entre 10 y 18 años prefieren Internet al televisor, según un informe del Foro de la Generación Interactiva en España, de la Fundación Telefónica.
En Internet lo tienen todo. Sus programas y series de televisión favoritos, las cadenas de radio, los periódicos, juegos, los últimos estrenos de cine en streaming y su grupo de amigos en las redes sociales. "Internet se está convirtiendo en el único gran contenedor capaz de difundir todos los medios y todos sus contenidos", reconoce Miquel Francés, profesor de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Valencia y coordinador del ensayo Hacia un nuevo modelo televisivo (Gedisa). "Pero eso no quiere decir que la difusión clásica de los diferentes medios vaya a desaparecer, simplemente entramos en un proceso de convivencia de modelos de difusión o multidifusión mediática", añade. La multiplicación de la oferta les permite organizar su propia parrilla, sobre todo en el consumo de información y entretenimiento. "De ser un recolector, la Red te convierte en nómada, en cazador de contenidos", dice Hernán Casciari, autor del blog Espoiler y crítico de televisión.
La navegación en la Red incita a un tipo de consumo multitarea opuesto a la actitud acomodaticia del televisor. Algunos analistas sostienen que está emergiendo un nuevo modelo de telespectador. Junto al tradicional, acostumbrado a recibir los contenidos (denominado lean back por la posición reclinada en el sofá), nace el otro espectador multipantalla, habituado a buscar lo que quiere consumir (llamado lean forward, inclinado sobre el teclado).
Ya son muchos los que al llegar a casa ignoran la parrilla televisiva y buscan entre su archivo de películas y series descargadas de Internet. Así se programan su propia sesión en alta definición, sin interrupciones y sin anuncios. Luego conectan el terminal al televisor y disfrutan a toda pantalla. Como hace el propio Casciari. "Ya sólo pongo la antena para ver el fútbol", señala. La interactividad, prosigue, permite que el espectador no quede sometido a la dictadura de la programación. "Lo que tiene que ocurrir, ocurre, y es independiente del horario previsto", zanja.
Las nuevas generaciones de nativos digitales son plenamente lean forward, pero existe el riesgo de que algunos de sus abuelos (e incluso padres), que son inmigrantes digitales, queden confinados al modelo en el que todo les viene dado, según advierten varios expertos. "Los no digitales no tienen fácil recolectar contenidos por Internet y verlos a su gusto, a menos que sus hijos o nietos les ayuden", apunta Álvaro Ibáñez, coordinador del blog de tecnología Microsiervos.
Las cifras confirman este panorama. El 90,3% de los españoles entre 16 y 24 años han accedido a la Red en los últimos tres meses; muy por encima del 83% de media de la UE, según el estudio La Sociedad en Red 2008, del pasado septiembre, del Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información. Y sólo un 8,9% de los españoles entre 65 y 74 años entra en la Red, frente al 17% de la media europea.
Mientras, el viejo modelo de televisión se despide poco a poco. Con el apagón digital de abril de 2010 y la llegada de la TDT, se multiplicará la oferta multicanal (en abierto y de pago). Buena ocasión para desperezar a los acomodados en el sofá. "Los canales como Imagenio o Canal Satélite Digital pueden suponer para los mayores lo mismo que para los jóvenes el acceso de contenidos online", observa Fernando Garrido, director de marketing de la escuela de negocios EOI. Son varias las opciones para convertir el televisor en un medio activo: "Por ejemplo, con los modernos grabadores PVR (Personal Video Recorder), que son muy fáciles de usar; te permiten grabar en el disco duro para luego reproducir saltándose los anuncios y ver los programas en diferido a cualquier hora", añade Ibáñez. Son dispositivos como Iplus (de Digital +) o el estadounidense TiVo, que es el referente, según Casciari.
La interactividad, sin embargo, tiene matices y varía en función del consumo, según señala Jorge Gallardo, doctor en Comunicación Audiovisual y profesor en la Universidad San Jorge de Zaragoza. "Tanto los usuarios lean back como los lean forward adquieren un rol de pasividad cuando consumen vídeos", advierte. "Cuando el usuario busca contenidos audiovisuales en la Red nos sorprendería ver lo poco que interactúa. Sólo busca ver, y el simple hecho de buscar es el máximo hecho de interactividad", concluye. Eso sí, para permitir la interacción, la TDT ha de incluir canal de retorno, del que carecen muchos descodificadores, según matiza Gallardo.
También hay quien reivindica la pasividad. "¿Realmente queremos abandonar la interacción pasiva con nuestros televisores?", se pregunta Farhad Manjoo, especialista en tecnologías, en la revista Slate. "La pasividad es la gran baza de la televisión; nos encanta precisamente porque nos exige muy poco", escribe.
Así, con todo, la televisión sigue reinando sin rival. Cuenta con una penetración del 89%, según la última oleada del EGM, aunque su crecimiento se ha estabilizado. En cambio, Internet asciende disparada. En 10 años, su penetración se ha incrementado de un 2,9% a un 34,3%. Hay que tener en cuenta que entre los jóvenes es mucho mayor. El 88% de los adolescentes se declara usuario, según la citada encuesta de Fundación Telefónica.
Bien a través de la pantalla del portátil o la de plasma, el gran proveedor de contenidos audiovisuales sigue siendo la televisión. Por ejemplo, gran parte de los vídeos consumidos en YouTube proceden de ese medio. De hecho, en España son más de la mitad, según un estudio del profesor Gallardo, presentado en la Universidad de Málaga. Concluye que el 56% de los 15 vídeos más vistos en YouTube España entre junio de 2007 y febrero de 2008 proceden de la televisión. "Los contenidos televisivos están mejor elaborados y son más atractivos que los que pueda subir cualquier usuario", explica.
Se impone cada vez más una estrecha colaboración entre televisión e Internet. Las empresas ya se han lanzado hacia la convergencia. La Red se va reafirmando como el principal canal de la industria del ocio y el entretenimiento, un sector que este año moverá en España 21.680 millones de euros, según un informe de la consultora Price Waterhouse Coopers. Además, la población navegante crece en España a razón de un millón de internautas al año. El objetivo es mejorar la unión de soportes. "Dotar de inteligencia interactiva a la televisión sigue siendo un trabajo pendiente; es momento de servirnos de la tecnología y hacer que se entiendan. TV e Internet es una tendencia imparable", escribe Juana Lara, directora de I+D+i de Radio Televisión Valenciana, en Hacia un nuevo modelo televisivo.
Esta convergencia tiene varias vías. Una es la de los televisores que incorporan acceso a Internet (mediante conexiones y software sencillo) y otra es la de los proveedores de contenidos que vuelcan su programación en la Red. Precisamente es la parte más pasiva de Internet (visionado de vídeos, por ejemplo) la que mejor puede encajar en el televisor, según algunos expertos. En cambio, otras aplicaciones que requieren usar el ratón, como redes sociales o compras, seguirían en el ordenador.
Los grandes fabricantes de electrónica, como Sony, LG, Samsung o Toshiba, preparan televisores con conexión a la Red (Ethernet o WiFi) que permitirían acceder a Facebook con el mando a distancia o ver vídeos de YouTube y películas en streaming (sin descargarlas) en una pantalla panorámica. Yahoo anunció a principios de año un programa de widgets (una especie de iconos) para permitir navegar desde el televisor. Por otro lado, las cadenas ya ofrecen la mayoría de su programación en la Red. Una de las primeras fue RTVE, que comenzó a ofrecer íntegros muchos contenidos. Le siguieron La Sexta, Antena 3 y Cuatro.
La BBC ha anunciado un proyecto de las principales cadenas británicas (BBC, ITV, BT y Channel 4, entre otros) para lanzar una plataforma común IPTV (protocolo de televisión por Internet) que permita el acceso a sus programas desde la Red. El director general de la corporación, Mark Thompson, lo ha presentado como "el santo grial" para la futura emisión del servicio público. Un decodificador con una conexión de banda ancha y enchufado al televisor ofrecerá la oferta de los canales en alta definición y con opciones de pausa, rebobinado y grabado. Además, incluirá servicios de vídeo a petición y acceso a webs como YouTube y Facebook. La fecha de salida es 2010.
"Hasta ahora, ver la televisión en Internet era un dolor de cabeza. Pero eso está cambiando, y rápido", señala Daniel Lyons en Newsweek. Y cita el ejemplo de Hulu, una especie de YouTube impulsada por NBC, ABC y Fox y financiada con anuncios (de momento, sólo funciona en EE UU). "Tiene montones de buenos programas. Ves lo que quieres cuando quieres. Puedes ver videoclips, buscar archivos e incluso enchufar el ordenador a una gran pantalla de televisión", asegura Lyons. Tras dos años, ya ofrece 1.000 millones de streamings de vídeo. Se trata de un modelo que amenaza a los proveedores de cable.
YouTube está negociando con cadenas de televisión de todo el mundo para ofrecer películas y programas enteros, según The Independent. "La estrategia de las grandes cadenas por incrementar su poder en la Red es descarada", dice Gallardo. "RTVE, La Sexta, Cuatro y Antena 3 han apostado por firmar un acuerdo con Google (YouTube)", añade. El portal de vídeos da muchas más visitas que las propias webs de las cadenas. El plan es encontrar formas de pago o suscripción. Televisión e Internet pueden encontrar su nexo de mayor interés en la publicidad. Cuanto más interactúe el usuario con su televisión conectada a Internet, más datos se podrán recabar sobre los clientes. No sólo será más fácil medir las audiencias, sino también diseñar anuncios personalizados.
"La red de pantallas ha transformado nuestra forma de vivir (...)", escriben los ensayistas Gilles Lipovetsky y Jean Serroy en La pantalla global (Anagrama). "Se ha convertido en un instrumento de comunicación y de información, en un intermediario casi inevitable en nuestras relaciones con el mundo y con los demás. Vivir es, de manera creciente, estar pegado a la pantalla y conectado a la Red".

Cuando Matías Prats cantaba los goles del Madrid en el estadio de Chamartín, simplemente había que coger un buen sitio ante el televisor para no perder detalle. No había otro menú televisivo. Televisión Española comenzó a emitir su programación diaria en octubre de 1956.
Recuerdos e imágenes teñidos de blanco y negro. Un solo canal, hasta que en noviembre de 1966 nacía La 2. Un cuarto de siglo después nacían las cadenas privadas. Más variedad, oferta y contenidos. El zapping llegó para modificar el hábito de consumo de los espectadores. El mando a distancia alivió el perezoso esfuerzo de acercarse al televisor para cambiar de canal.
En 2005, con Cuatro y La Sexta se copaba la práctica totalidad de botones del mando. Un botón, una cadena. En 2010 no existirán botones suficientes para la cuarentena de canales que ofrece la televisión digital terrestre (TDT). El 3 de abril supondrá el cese de las emisiones analógicas y el nacimiento en toda España de la TDT. Sólo TDT. Un hito en la Historia de la televisión española.
Mientras la Unión Europea está comprometida en un proceso de cese de la televisión analógica para el 1 de enero 2012, en España este apagón se decidió adelantar dos años: al 3 de abril de 2010.
Un gesto tan cotidiano y mecánico como encender la televisión y rastrear los canales tendrá para muchos un sentido especial ese día. La TDT supone una nueva manera de ver y disfrutar de la televisión: más oferta y mejor calidad de imagen son sus principales señas de identidad. El real decreto 944/2005, de 29 de julio, establece que tras el apagón, los ciudadanos podrán recibir 32 canales de ámbito nacional y otros 12 de ámbito autonómico y local. Toca ejercitar los dedos y lograr cierta destreza con el mando.
Este año se cierra un largo proceso de transición iniciado en noviembre de 2005. Para entonces, los ciudadanos tienen que haber adaptado sus antenas y televisores para recibir las emisiones digitales. Para lograrlo, el Gobierno ha movilizado unos 12.000 millones de euros en el marco del Plan de Transición a la TDT. Aunque es verdad que cuando sólo quedan tres meses para el día D hay todavía mucho por hacer, los datos son positivos.
Los datos del Ministerio de Industria sobre la implantación de la TDT señalan que la Televisión Digital Terrestre es conocida en el 98,6% de los hogares del país. Además, el avance de la TDT también deja su huella en el consumo, que ya supone 121 minutos diarios por individuo (161 minutos cuando se consideran sólo los hogares con TDT), según recoge el informe del mes de diciembre de Impulsa TDT, la Asociación para la Implantación y el Desarrollo de la Televisión Digital Terrestre.
De hecho, la cuota de pantalla que agrupa todas las audiencias de canales con emisiones digitales volvió a incrementarse en noviembre y consiguió un seguimiento del 49,1% respecto de toda la televisión vista en el mes. Casi la mitad del consumo global en la actualidad se visiona a través de la señal digital. De noviembre de 2008 a noviembre de 2009, el share de la TDT sumó 27,2 puntos netos de cuota, lo que representa un crecimiento porcentual del 124%.
El Plan de Transición a la TDT está actualmente inmerso en su fase II. Más de 9,6 millones de ciudadanos que residen en 2.697 municipios de 13 comunidades autónomas integradas en 26 proyectos técnicos -el Plan divide el territorio español en 73 áreas y 90 proyectos- realizan en estas fechas el cambio a la TDT. Entre finales de enero y principios de febrero, el total de los españoles exclusivamente digitales superarán los 15 millones de individuos. El resto se sumará el 3 de abril.
Más donde escoger
La multiplicación de la oferta para el espectador se explica en el hecho de que en la TDT cada operador con licencia nacional tiene un múltiplex, esto es, cuatro canales. Es decir, Telecinco, Antena 3, Cuatro, La Sexta, Veo7 y Net TV tendrán cuatro canales cada uno. Por su parte, TVE tiene dos múltiplex, es decir, cuenta con ocho canales. Esta pluralidad en la oferta lleva implícita una fragmentación de la audiencia. Según los directivos de estos operadores, la cuota de pantalla necesaria para liderar la noche -el conocido como prime time- descenderá hasta el 10-15%. La cuota de pantalla media mínima para poder subsistir en este mercado debe estar por encima del 1%.
Otra consecuencia, que ya se ha producido, es la fusión entre operadores. El Gobierno impulsó el año pasado la llamada ley de fusiones que permite que las cadenas privadas puedan fusionarse siempre que la unión no sume más del 27% de la audiencia en ese momento y que queden, al menos, tres. Así, el 16 de diciembre este diario anunciaba el acuerdo alcanzado entre La Sexta y Antena 3 para llevar a cabo la primera gran fusión. Dos días después, Telecinco y Cuatro oficializaban la suya.
«Estas concentraciones son necesarias para asegurar el futuro del sistema», «eran una necesidad y no una posibilidad», explican los directivos. En principio, el nacimiento de estas grandes plataformas multimedia no tendrá una incidencia directa en el espectador, ya que la idea es mantener las marcas y canales que actualmente existen.
El público sí que ha tenido contacto ya con una de las nuevas posibilidades que permite la TDT: el pago. El Gobierno aprobó el pasado agosto el real decreto ley que daba luz verde a la TDT de pago. Este real decreto ley permite a cada operador explotar uno de sus canales bajo esta modalidad de acceso condicionado, a la espera de la aprobación de la esperada Ley Audiovisual, que será el marco regulatorio final y que permite dos canales.
En la actualidad sólo un operador, La Sexta, ha lanzado un canal de pago: Gol TV -el primer Barça-Madrid emitido en TDT de pago por Gol TV fue visto por 109.000 espectadores-. Sin embargo, y sobre todo tras las mencionadas fusiones, se espera que en los próximos meses esta oferta se vea ampliada e, incluso, nazca una plataforma de pago para la TDT.
La alta definición (HD) será otro de los retos para 2010. Sin embargo, los expertos no se atreven a fijar una fecha o punto de partida. Todos los operadores la contemplan, pero se quejan de que nadie la apoya ni apuesta por ella. Ni siquiera el Gobierno. La HD necesita de un ancho de banda doble, es decir, se come dos de los cuatros canales asignados a cada operador, y requiere de una importante inversión tecnológica y económica. TVE ha anunciado que lanzará un canal en alta definición en abril.

Madrid - Algún listillo diría que Nietzsche podría justificar las gamberradas de Bart Simpson. Pero, ¿se puede aprender algo de la felicidad a través de las miserias del señor Burns, el codicioso y rico propietario de una central nuclear? ¿Por qué tiene que caernos mal Lisa, la única con sentido común entre todos los personajes de la serie? ¿Cómo evaluaríamos éticamente a Homer, un tipo que es capaz de ofrecer a su familia a los extraterrestres para salvar el pellejo? ¿Cuántos filósofos hacen falta para analizar una serie de dibujos animados? Aparentemente, una veintena.
Para contestar a estas preguntas y en forma de introducción a los grandes pensadores de la historia, el libro «Los Simpson y la filosofía» (Blackie Books) aplica las armas de la dialéctica a un artefacto de la cultura pop. Matt Groening, el creador de la serie, estudió Filosofía. Y explica que en cada capítulo participa una legión de guionistas «empollones graduados en Harvard, que intentan sacar algún provecho a lo que han estudiado». «Escribimos la serie para adultos; de hecho, para adultos inteligentes», dice David Mirkin, otro de los padres de la serie, que necesita 300 personas y ocho meses de trabajo para hacer un episodio.
Mirada sin prejuicios
La tesis del libro es que la serie va más allá de la historia de «un patán –Homer Simpson– y su familia». Un espectador desprejuiciado y atento descubrirá en las tramas argumentos que van más allá de la simple farsa: hay alusiones a la alta cultura y a la popular, y la serie es lo suficientemente profunda como para someterla a un análisis filosófico. «Esto no es Harry Potter», advierten los autores del volumen.
Homer es egoísta, glotón, vicioso, y llega a ser realmente estúpido, pero no puede caernos mal. Sin embargo, analizado a la luz de la ética aristotélica, que distingue la virtud en el punto medio de dos vicios en los extremos, el pobre de Homer, un tipo que está dispuesto a comer hasta reventar para que le consideren discapacitado y así trabajar desde casa, no llega ni al aprobado. Eso sí, para la autora del ensayo que se ocupa de él, Raja Halwani, hasta Aristóteles diría que tiene algo admirable: su incuestionable amor a la vida. Será un bufón, pero en el parachoques de su coche familiar un adhesivo dice: «Soltero y respondón». En el extremo opuesto, Marge es una madre abnegada llena de virtudes aristotélicas –valiente, honrada, moderada–, que hace el bien sin esperar reciprocidad, pero carece de sueños.
Bart, observado a través del cristal del pensamiento de Nietzsche, es el espíritu libre, el rechazo de la moral tradicional, el caos gamberro. Sus acciones no conducen a nada más que a construir su propia identidad, sin aspirar a fines mayores. También es objeto de análisis Maggie, la hermana pequeña, que no ha dicho una palabra en veinte años. ¿Es una voz ahogada por la brutalidad de su entorno o reflexiva? Su empedernido chupete es la imagen viva del silencio tras el que Eric Bronson, otro de los autores, ve la representación de la filosofía oriental, o al pensador vienés Ludwig Wittgenstein («los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo»). En el caso de Lisa, la (única) hija inteligente de la familia, su problema es ése, que es más lista que cuantos la rodean. Y por eso es objeto de las burlas de sus compañeros de clase, y la serie da pie a una cuestión a debate en la sociedad contemporánea. ¿Admiramos la inteligencia o nos fastidia?
En uno de los breves ensayos, Aeon J. Skoble se pregunta si las sociedades democráticas no habrán traspasado el límite de que «todas las opiniones cuentan por igual», sobre todo, teniendo en cuenta el lugar del que hablamos. En Springfield, trasunto de EE UU, las cosas no son muy normales. No es muy corriente que el sacerdote de una localidad anime a su feligrés más fiel, el pesado de Ned Flanders, «a cambiarse a otra religión mayoritaria», si al fin y al cabo «todas vienen a ser lo mismo». Tampoco es habitual que el jefe de Policía o el alcalde sean unos farsantes, lo que da pie a otro de los ensayos: el valor, incluso admirable, de tanta hipocresía en la autoridad.
«Mejor esta familia que nada»
Y luego está la familia, una institución que no sale bien parada en principio, pero, según Paul A. Cantor, la conclusión que se puede sacar es la siguiente: «Imaginad el peor panorama posible: los Simpson. Pues incluso una familia así es mejor que ninguna». Según los ensayistas, la serie logra poner en el centro de las tramas problemas sociales bajo el punto de vista más burlón y ambiguo posible: desde la seguridad nuclear o la protección del medio ambiente, a la inmigración, la prostitución o los derechos de los homosexuales. El libro aborda también la supuesta intención política de la serie –sin llegar a ninguna conclusión–, o la cantidad de referentes que la convierten en un ejemplo de cultura pop, y que van desde «Qué bello es vivir» hasta «Uno de los nuestros», o desde «Las uvas de la ira» y «Moby Dick» a «Los Picapiedra», pasando por el grupo Metallica. Como dice Groening, «Los Simpson» es una serie que «recompensa al que lee».

Los que la defienden la ven como una luchadora, mientras que los que reniegan de ella la consideran vulgar, maleducada y narcisista. Los que la apoyan alaban su espontaneidad para decir lo que piensa y criticar sin piedad a los que la atacan, mientras que sus detractores consideran que su única habilidad es la del insulto. Ahí nacía y moría hasta ahora el debate sobre Belén Esteban. Pero con la explosión de su popularidad, caben análisis más profundos. ¿Cómo se ha gestado el fenómeno Belén Esteban?
Más de tres millones de telespectadores se sentaron hace una semana para ver la cara de la nueva Belén Esteban después de pasar por el quirófano de un cirujano estético. Meses atrás, la ex del torero Jesulín de Ubrique abrió el telediario de una cadena privada de ámbito nacional, que elevó a primera noticia del día la cuestión de si esta mujer es o no una buena madre.
Pere Oriol, catedrático de Comunicación de la Universitat Autònoma de Barcelona, estima que son tres los factores que confluyen en el fenómeno Belén Esteban. "El primero - indica-es el propio personaje, al que muchos ven como una luchadora capaz de ganarse un hueco destacado en el mercado televisivo". La imagen de chica de barrio o "princesa del pueblo" - como se refieren a ella sus compañeros de plató-"resulta clave en la identificación del telespectador medio con el personaje", añade Oriol Costa, quien compara la carrera ascendente en popularidad de Esteban con el sueño americano.
El actual panorama televisivo, que ha encontrado su caldo de cultivo en este tipo de personajes, sería el segundo de los factores determinantes para explicar el fenómeno. "El negocio sale redondo, ya que la audiencia sube sin necesidad de grandes inversiones. Ya no hay que buscar a estrellas y pagarles lo que valen sus intervenciones para captar la atención de los telespectadores", afirma Costa. Y el tercer factor encaja, en opinión de este especialista en Comunicación, con una sociedad cada vez más individualista y narcisista. "A Belén Esteban le basta para triunfar hablar de ella y criticar y responder a los ataques contra su persona. Y eso lo digiere muy bien el actual consumidor de televisión, que ha perdido el interés por otros debates más profundos", concluye Oriol Costa.
Para Norbert Bilbeny, catedrático de Ética de la Universitat de Barcelona, "este fenómeno mediático es análogo al de otros países y hunde sus raíces en la historia, como espectáculo popular en torno a la condición humana en sus aspectos más dramáticos y sentimentales. Entre otros, remite al fenómeno Preysler, a la literatura folletinesca, al corral de la Pacheca, a los autos sacramentales, a la comedia ateniense o al circo romano".
¿Y por qué triunfa? "Una franja de la población se identifica, sin más, con ella, tomándola como un caso en el que se ven reflejados, por razones fáciles de deducir; otra franja, más numerosa, halla en el fenómeno una fuente de placer y conmiseración como simple pero poderoso espectáculo", opina Bilbeny.
Victoria del Barrio, psicóloga de la Uned, nunca se referiría, por su parte, a Belén Esteban como una luchadora. "Es un personaje que ha salido de la nada, pero no una cuestión de esfuerzo ni habilidad. Hablaría más de suerte". Para Fernando Vallespín, catedrático de Comunicación, ella es como "una moderna Cenicienta con la que se identifica parte de la población a la que cada día agrada más la vulgaridad".