
MADRID - Aunque lo suyo es el humor, las cosas del trabajo -como buen profesional que es- se las toma muy en serio. En estas fechas tan entrañables anda en un constante bullebulle ya que además de dar los últimos retoques al especial de Nochevieja tiene en la parrilla de salida «La hora de José Mota» el espacio de humor que aterrizará (como dicen los promocionales) muy pronto en TVE.
-¿Le van los retos?
-De no ser así no estaría haciendo lo que hago. Me gusta contar cosas que me hagan feliz y que hagan feliz a la gente.
-¿Pesa mucho el llevar sobre sus hombros el especial de Nochevieja de TVE?
-Es una gran responsabilidad ya que se trata de un programa que se emite en un día muy especial. Me rompo el coco porque todo salga bien y que el resultado final sea lo más parecido a como lo he pensado.
-¿Presionan las audiencias?
-Presión, ninguna. Trabajo con total libertad. Considero que las cifras del programa del año anterior son complicadas de batir. Cada año las cadenas tratan de ofrecer su mejor producto y son otras ventanas por las que mirar.
-¿Perfeccionista?
-Bastante. Sufro mucho ya que mientras que estoy preparando el programa lo cuido hasta el último detalle.
-¿Qué claves tiene «2010, con el vértigo en los talones»?
-Gira sobre las películas de Alfred Hitchcock. Para mí, básicamente 2009, ha sido un año desorientador y lleno de suspense, en el que todos nos hemos preguntado qué nos está pasando y qué nos va a pasar. Para explicarlo hemos elegido como hilo conductor seis secuencias conocidas de películas de Hichcock para contar una historia: la búsqueda de unos misteriosos brotes verdes que no acaban de llegar.
-¿Es el humor la mejor receta?
-En tiempos convulsos, sin duda que es el mejor remedio. Además es el momento en el que afloran las grandes y más brillantes ideas.
-¿Con qué noticia se quedaría de este 2009?
-La liberación del atunero «Alakrana».
-¿A quién mandaría El tío de la Vara, uno de sus personajes más queridos?
-A mucho «tontuno» que va por ahí creyéndose más que nadie y faltando al respeto.
-¿Qué le pide a 2010?
-Salud y que acabe la desigualdad y que todo el mundo tenga algo que comer. Esto último no me canso de pedirlo todos los años, haber si ya de una vez toca.
- Y en 2010, ¿regresa «La hora de José Mota»?
-Sí. Se van a incorporar nuevos personajes, pero se mantienen los conocidos de la pasada entrega, como es el caso de El tío de la Vara que vuelve de Vietnam y ha sido rescatado por el coronel Trautman.

El polémico Premio Ondas, que el próximo jueves despedirá el año con Belén Esteban desde Telecinco, se deja entrevistar por su amiga Carmen Rigalt. «Con amigas como tú...», exclama
No es fácil entrevistar a alguien con el que estás todos los días haciendo anecdotario y amistad. Hubiera jurado que a Jorge Javier podía hacerle una entrevista sin necesidad de preguntarle nada, pero me equivocaba. En su discurso había novedades. Unas lo eran porque pertenecían a la estricta actualidad y otras, porque nunca las habíamos explorado juntos.
Pero las entrevistas no vienen solas. Aparte están las fotos. Al cabo de los años he llegado a la conclusión de que los entrevistados valoran más las fotos que las palabras. A mi entrevistado le puse como condición que se dejara fotografiar en pijama y sin hacer posturitas. Pretensión vana. Dijo que no usa pijama (duerme en calzoncillos) y que le falta guapura para abandonarse a la despreocupación. Fue así cómo me enteré de cuál era su lado bueno (el izquierdo) y su punto malo (el cuello). Habíamos entrado en materia.
Pregunta.- ¿Puedes estar media hora sin referirte a la televisión?
Respuesta.- Y una hora, también. No sé por qué preguntas eso.
P.- Porque la tele te tiene comido el seso. Es un medio que abduce, y no me lo invento.
R.- ¿Tú me ves abducido?
P.- A los de televisión, tarde o temprano se os va la pinza. Sólo hablais de un tema…
P.- Eso les pasa también a los periodistas, a los médicos, a los artistas… Hay profesiones en las que el ego ocupa mucho. Es verdad que como espectador también he percibido eso mismo de la Gemio, pero yo me veo más como… no sé…déjame pensar…
P.- ¿Como Matías Prats?
R.- Lo que me gusta de Matías Prats, o de Lorenzo Milá, es la imagen de normalidad que proyectan… Van a la tele como si fueran a una oficina a hacer horas. Hay que ser muy sólido para tener ese temple.
P.- Hablando de compañeros, ¿Qué tal Ángel Martín, de Sé lo que hicisteis?
R.- Muy bien, gracias.
P.- No me digas más: te cae como una patada.
R.- Eso lo pones tú.
P.- No. Yo sólo voy a poner que tiene mucho talento.
R.- ¿Vas hacerme una entrevista molestona? Siempre has sido muy crítica con la gente de la tele, excepto con Ángel Martín. Te recuerdo que un día me dijiste «tú no sirves para presentar Sálvame Deluxe y ahora, cuando lo pienso, me parto de risa.
P.- Pues no tiene ninguna gracia. Sálvame Deluxe es un formato convencional, con un presentador que se recuesta en la butaca y hace preguntas solemnes, tipo Cantizano, y yo a ti te veo más espontáneo y movedizo. Has creado una nueva forma de hacer tele. Hasta ahora, a nadie se le había ocurrido meterse en el retrete con la alcachofa.
R.- La espontaneidad requiere mucho esfuerzo, pero apenas se valora. El otro día, durante la publicidad, se me acercó una señora y me soltó: «Oye, a ver si haceis algo que nos entretenga». Esto no se lo dicen a un actor después de una función. En cambio, los de la tele somos los muñecos del pim, pam, pum... A nosotros se nos puede poner a parir siempre.
P.- A veces se te nota ese cabreo. Tienes ramalazos despóticos.
R.- Sí. Mi padre me llamaba «el pequeño dictador», porque de pequeño apuntaba maneras. En la tele todo se percibe, tambien las simpatías o antipatías… Y la condición sexual. A los presentadores gays se nos critica que hagamos guiños con eso, pero si en un programa proyectas parte de tu vida, ¿por qué hemos de disimular que somos gays?
P.- Una cosa es disimularlo y otra estar a todas horas hablando del marido…
R.- A veces nos pasamos, de acuerdo, pero eso viene dado por la época que nos ha tocado vivir. Al final cada uno habla de lo que le ha marcado… Por mi parte, ya no suelo hacer tanto énfasis en el tema. Con los años he perdido gas y militancia.
P.- ¿Has militado en movimientos gays?
R.- No, me refiero al hecho de mantener una actitud más activa y sonora, como la que manteníais las mujeres cuando soltabais el discurso de la cultura patriarcal.
P.- Tú, en política, nada, ¿no?
R.- Nada. Pero no soy apolítico.
P.- Cuenta lo que te pasó con el Partido Socialista de Catalunya en una de las campañas electorales.
P.- Recibí una llamada de un amigo del PSC y me preguntó si quería apoyar a Zapatero en un mítin en Barcelona. Yo trabajaba entonces en el Tomate y estaba en el punto álgido de la impopularidad, así que me extrañó la propuesta. Vale, le dije, iré, pero consúltalo a tus superiores, por si acaso. Bueno, pues todavía estoy esperando la llamada… Seguro que cuando dijo mi nombre se echaron las manos a la cabeza.
P.- Quién te lo iba a decir a ti. ¿Recuerdas? Hace años te sentías un privilegiado por trabajar en la revista Pronto. Entonces no soñabas con la tele.
R.- Sí, me da un poco de vértigo pensarlo. Yo sólo soñaba con tener curro. Trabajé en El eco badalonés, que como su nombre indica era una publicación de Badalona, y más tarde entré en Pronto. Allí me pagaban a tanto la pieza, un dineral para mí. Jamás dije que no a un trabajo, siempre lo acepté todo. En cambio, no tuve el valor de coger el petate y plantarme en Madrid para ser actor. Es lo que me hubiera gustado.
P.- ¿Actor tú…? No jodas.
R.- Actor de teatro, sí, pero la timidez me pudo. Ya ves cómo han cambiado las cosas, aunque todavía tengo brotes de tímido. El día del Ondas, antes de recoger el premio pensaba, joder, aquí hay gente que no me ha visto en su vida y está oyendo mi nombre junto al de Mejor Presentador. Si les da por asomarse a la tele para ver qué hago pueden llevarse un susto.
P.- Autocrítica... No está mal.
R.- Nadie nos prepara para lo que significa la tele. De repente se nos viene encima todo, la popularidad, las críticas, las adulaciones. Es normal que algunas veces se nos crucen los cables. ¿Y a quién no? Cocó Comín, que me da sabios consejos, me dijo no hace mucho: «No dejes que el premio hipoteque tu vida». Un premio te puede encorsetar, porque sientes la necesidad de justificar que lo mereces y acabas perdiendo frescura.
P.- ¿Y qué haces para no caer en la tentanción de vanagloriarte?
R.- No te lo vas a creer, pero me acuerdo de un amigo con el que estuve en una discoteca de Barcelona a las cinco de la mañana, y levantando el chupito, se puso trascendente y espetó: «El chupito es algo circunstancial». Pues yo, lo mismo. Todo es circunstancial, también los premios.
P.- No hace falta que recurras a la filosofía para hacer ejercicios de humildad. Ya se encargan de cuestionarte los Francinos de turno.
P.- Lo del Ondas tuvo su intrahistoria. Por suerte, Daniel Gavela me llamó para recordarme que el premio había sido concedido por unanimidad, y eso es muy gratificante.
P.- ¿ Dejamos la tele? Nos estamos pasando.
R.- Tú mandas.
P.- Háblame de tu infancia y convénceme de que no fuiste un niño mimado.
P.- Nunca lo he sido. Mis dos hermanas han tenido más presencia en la familia que yo. Bien es verdad que yo era el el ojito derecho de mi padre, pero le fallé y dejó de depositar sus esperanzas en mí.
P.- ¿En qué le fallaste?
R.- A él le hubiera gustado que estudiase una carrera técnica, Arquitectura o Ingeniería, o incluso Medicina, ya me entiendes. Y como Periodismo le parecía una carrera de mindundis, elegí Filología Hispánica, que ni siquiera le sonaba. Me dejó por imposible. Murió antes de verme lanzado…
P.- Tu madre y tus hermanas te arropaban mucho, supongo.
R.- No creas. Ellas tenían mucha complicidad entre sí, y yo no entraba en su mundo de mujeres, era un chavalín que iba a su aire y pasaba inadvertido… En cuanto tuve edad me refugié en la lectura. Fui un lector precoz.
P.- Como Alfonso Guerra.
R.- Bueno, yo no leí a a Balmes a los seis años. Pero a los 11 o 12 me chupé la trilogía entera de Los gozos y las sombras. También me impactó Los cipreses creen en Dios, la primera novela de la trilogía de Gironella.
P.- Jo, ¿los leías de tres en tres?
R.- No seas cabrona.
P.- Tu mejor patrimonio es el ingenio. Tú te doctoraste en información rosa con los cotilleos del bloque en el que vivías.
R.- Aquello parecía un programa de la tele en directo, pero a lo bestia. En mi bloque, el paro y las drogas hacían estragos, sin embargo yo guardo un recuerdo precioso… Me gustaría evocarte ahora una infancia a lo Oliver Twist, pero mentiría. Recuerdo que, apoyado en el alféizar de la ventana, me chupaba las crónicas de las vecinas…. A lo mejor es que la memoria lo embellece todo, pero en aquel bloque había mucha solidaridad. Una vez, a una de las vecinas le oí decir una frase que no se me olvidará mientras viva.
P.- ¿Qué frase?
R.- «A mí me gusta que me toquen el coño, y si es a dos manos, mejor». Como comprenderás, después de eso, nada de lo que se cuenta en la tele me escandaliza. Mi vecina Encarna, con la que me crié, me enseñó a decir coño y recoño, y puta y reputa.
P.- ¿No tienes recuerdos de infancia desgraciada?
R.- Pues no. La estrechez era una filosofía de vida, no un problema. A todo le hacíamos frente con chistes. En casa jugábamos a la brisca, veíamos el Un, dos, tres, comíamos pipas durante horas y trabajábamos en rueda. «Ensobrábamos» papeletas de las elecciones o empaquetábamos colonias, cualquier cosa para ganar un dinerito extra… Mi padre era jefe de mantenimiento de una empresa y mi madre zurcía para fuera. Yo era su chico de los recados. Me mandaba a la tintorería a por ropa y yo me presentaba diciendo «soy el hijo de la zurcidora».
P.- Eso es muy literario.
R.- También me utilizaba de intermediario para vender Friné, una especie de Avon malo. Mi padre nos inculcó la virtud del ahorro. Hoy me duele más comprarme un CD que un piso.
P.- ¿En ropa no gastas?
R.- ¡Qué va! La ropa de trabajo me la pone la tele, y la otra… pues voy tirando con lo que tengo. Llevo los mismos jerseys de Zara desde hace 10 años, y para despistar digo que es ropa vintage.
P.-Yo te recuerdo en Marbella con una camiseta de felpa verde. Ibas en mobylette, y lo que destacaba de ti era la horrible camiseta, el casco, y una gran sonrisa en medio de la cara. Parecías la abeja maya.
R.- Nunca he tenido buen gusto, pero no hace falta que me lo recuerdes.
P.- Con el primer sueldo sacaste a tu madre del bloque ¿no?
R.- Con el tercero. Mi padre no se había arriesgado a dejarlo, era poco valiente y le asustaba quedarse sin trabajo. En eso he salido a él. Siempre pienso que el programa que estoy haciendo será el último, y que no volverán a contratarme.
P.-O sea, tienes inseguridad laboral y también física… Te gustaría ser alto, guapo y con musculitos. ¿Por eso te operas?
R.- Me cuido y me doy algún retoque porque soy consciente de mis limitaciones físicas.
P.- Una vez te quitaste las cocochas, unas bolitas que según tú tenemos debajo de las mejillas.
R.- Esas bolitas existen y no se llaman cocochas. Yo no soy un merluzo.
P.- También te has hecho la lipo y no sé qué más.
R.- Oye guapa, si las amigas me tratan así, casi prefiero que me entrevisten las enemigas.
P.- Juego con ventaja, ya sabes. Parte de tu vida también la he vivido yo. Bueno, dime algo bonito para terminar.
R.- Di que en el fondo soy buena gente. Poco vulnerable y bastante seguro, pero buena gente. Algunos me magnifican al meterse tanto conmigo. Es lo que le pasó a Emilio Gutiérrez Caba cuando dijo que yo era una deshonra para los Ondas. Jo-der, qué fuerte. Sinceramente, no merezco esos calificativos tremendos porque no valgo tanto.

MADRID. Ricardo Gómez tiene sólo quince años, estudia 4º de la ESO y le encanta el cine, como a muchos chicos de su edad. La diferencia es que él ya ha vivido buena parte de la historia reciente de España, desde mediados de los años sesenta hasta el advenimiento de la democracia. Lo ha hecho, además, con la complicidad de millones de espectadores, los que siguen desde hace varias temporadas la serie «Cuéntame». Ricardo Gómez es Carlitos Alcántara, y desde la semana pasada pisa las tablas del teatro Arenal, donde interpreta junto a Juan Margallo «El señor Ibrahim y las flores del Corán». «No es la primera vez que hago teatro -recuerda-, porque ya estuve en el musical «La bella y la bestia», donde hacía de Chip (con 6 años), e intervine también en «Siglo XX, que estás en los cielos», en el Español, que dirigió Blanca Portillo».
-Esas primeras experiencias serían para ti como un juego, pero esto ya va en serio...
-Yo siento este montaje como un debut, sí. Pero actuar fue un juego para mí sólo al principio. «La bella y la bestia» me hizo descubrir que esto es lo que me gustaba. Pero al arrancar la serie ya decidí que quería ser actor.
-¿Y cómo has llegado a este montaje?
-Juan Margallo también participa en la serie, y me habló del proyecto. Me dijo que tenía la edad perfecta del personaje. Me envió el texto y me encantó. A la semana siguiente ya estábamos ensayando. Y estoy encantado, porque es un aprendizaje extraordinario.
-¿Qué es lo que te llama la atención de la interpretación?
-Poder hacer papeles distintos; yo llevo ocho años con el mismo, pero siempre se intenta darle matices distintos e irlo desarrollando. Al ser un niño que va creciendo y pasa a la adolescencia varía también mucho, lo mismo que he cambiado yo. Carlitos ha evolucionado mucho.
-¿Tienes pensado estudiar Arte Dramático?
-Me gustaría, y también dirección cinematográfica. No sé bien todavía lo que haré.
-En «El señor Ibrahim y las flores del Corán» interpretas a Momo, un chaval que también cambia mucho a lo largo de la función.
-Más todavía que Carlitos, porque aquel ha evolucionado a lo largo de ocho años, pero éste lo hace en una hora. Momo empieza siendo un déspota, un chico amargado que nunca se ríe, pero después se convierte en una persona divertida, que se lo pasa bien, que quiere a la gente. Uno de los valores de la obra, y de lo que más le gusta al público, es precisamente la evolución de mi personaje y también del señor Ibrahim, el personaje de Juan Margallo.
-¿Ya te sientes atrapado por el veneno del teatro?
-¡Sí! Cuando terminé la primera función con público ya quería empezar la siguiente. Y estoy deseando llegar cada día al teatro. Antes de salir sientes esa cosa en el estómago, que hace que los que nos dedicamos a esto seamos adictos. Sentir a la gente, su respiración, su atención, es muy bonito, y más en esta sala, que es tan pequeña.
-En inglés y en francés, se utiliza la misma palabra para definir actuar y jugar. ¿Te sigues planteando estas representaciones como un juego?
-Esta función es para eso, para jugar. Es un texto que te deja ser tú aunque interpretes a otra persona. Deja mucha libertad y es un placer hacerla. La verdad es que es una obra que me encanta, y ojalá pudiera interpretar a Ibrahim dentro de unos años.

Madrid - Llegó de Canarias, donde dirigía la televisión autonómica, en 2007, y ahora ha comenzado a recoger los frutos que sembró entonces en RNE con 135.000 oyentes más en un año.
-¿Satisfecho con los últimos datos del EGM?
-En RNE no tenemos esa obsesión por el EGM, ni por las audiencias, pero nos sirve para indicarnos la tendencia.
-¿Qué balance hace de este 2009?
-Nuestro balance es desde enero de 2007 y está marcado por la eficiencia y la eficacia. Hemos emprendido un camino para ser una radio responsable y muy equilibrada ideológicamente, aunque esto no suponga una ganancia inmediata de oyentes.
-¿Este crecimiento en 2009 se debe a que ha cambiado el perfil del oyente de RNE?
-Es una mezcla de todo. Las campañas de marketing aprovechando las sinergias de grupo han influido bastante. Nunca había salido tanto RNE en TVE, se han mezclado trabajadores y se ha «vendido» en los telediarios lo que destacamos periodísticamente en la radio y viceversa. Esto genera una imagen que, si es buena, crece mucho más. Y por otra parte, es verdad que perdimos un gran capital humano hace tres años, pero no podíamos dejar que esto cayese. Ha habido un gran afán por renovarnos y por captar oyentes de todas las ideologías, pero respetando a los de toda la vida. Todo eso se tiene que notar.
-¿Habrá más sinergias con TVE, ahora que desaparecerá la publicidad?
-Es una de las ideas para 2010, aprovechar todos los huecos que podamos en TVE y, ahora que no va a haber publicidad, la intención es ocupar más minutos en televisión. Ésta ha sido mi reivindicación permanente en el comité de dirección y mi petición también en el consejo de administración y siempre ha sido muy bien recibida por Javier Pons.
-¿Se ha rejuvenecido RNE?
-Algunas emisoras sí. Por ejemplo, el crecimiento en esta última oleada de Radio 3 (+94.000 oyentes) es significativo. Y en franjas de radio convencional como la tarde con Toni Garrido se ha incorporado mucha gente de entre 35 y 45 años, que es la franja de oyentes de la que menos puede presumir RNE.
-¿Tiene previsto hacer cambios para el próximo año?
-Si las cosas marchan y la tendencia es positiva hay que mantenerla. A principio de temporada, en septiembre, hablábamos de consolidar el crecimiento y la trayectoria que habíamos hecho en este tiempo y en eso estamos. Además, ningún proyecto radiofónico se consolida antes de las tres o cuatro temporadas y no podemos estar cambiando cada año ni los conductores ni los programas.
-Además de esta consolidación, que va por el buen camino, ¿qué le queda por hacer en RNE?
-Quedan muchísimas cosas. En información tenemos que ser muy competitivos porque tenemos muchos medios y además un plus de responsabilidad y debemos aspirar a ser líderes en informativos. Además, tenemos que hacer programas de entretenimiento que atraigan la atención de los oyentes y que sean responsables. Las nuevas tecnologías son otro reto y nuestros oyentes también tienen que ser usuarios.
-¿Con qué presupuesto cuenta RNE?
-Está en torno a los 150 millones de euros, pero prácticamente el 80% va al personal. Nosotros estamos muy ajustados porque ya vivimos sin publicidad desde hace muchos años, el gran esfuerzo lo está haciendo ahora TVE.
-Todas las franjas han subido, pero ¿es la noche la asignatura pendiente de RNE?
-Es más difícil arrancar oyentes a otras radios que hacen productos más competitivos. Sin embargo, también tenemos que marcar la diferencia sin obsesionarnos por los números. Para nosotros la noche es el segundo «prime time» y hemos decidido apostar por la información desde las ocho hasta la una de la madrugada con «24 horas». Sí que es verdad que en las últimas temporadas hemos cambiado a los conductores y la audiencia tiene que familiarizarse.
-¿Le sorprendió la marcha de Luis Fernández?
-Bueno, digamos que contábamos con un periodo un poco más largo.
-A pesar de la desgubernamentalización de RNE, ¿recibe muchas llamadas políticas?
- Ha sido una etapa sin presión, ni desde los gobiernos, ni desde las distintas instituciones, ni desde la oposición. Hemos pasados por varios procesos electorales y no ha habido denuncias en las juntas electorales y yo creo que eso es uno de los grandes logros que se han conseguido en este tiempo.
-¿Qué espera el nuevo presidente de la Corporación, Alberto Oliart, de RNE?
-Quiere mantener lo que funciona, pero ya me ha hecho alguna indicación para aquellas facetas que tenemos más debilitadas.
-¿Cuáles son esas facetas?
-Franjas mejorables en audiencia y de ajuste del presupuesto. Nosotros vamos bastante ajustados ya, pero Oliart es un hombre de números.
-¿Cuando caduca su proyecto con este casa?
-Estoy vinculado a RNE por cinco años.
-¿Y después?
-Ya veremos (risas)...

Aún no ha cumplido 25 años, y tenía cinco cuando hizo de india en una obra sobre Cristóbal Colón. Del cine confiesa que lo que más le atraía era la música publicitaria de Movie Records. Fue profesora de flamenco y tiene varias canciones compuestas en inglés. Va todos los días a la Filmoteca. Hace mucho deporte y está entusiasmada con su perra Peach y con sus incipientes clases de piano.
Pregunta. ¿Estoy ante Adriana o viene de marquesona de Castro?
Respuesta. Yo vengo en plan Adriana. De marquesona igual tengo que me gusta comer muy bien. Hay marqueses muy cutres, que comen muy mal.
P. ¿Y esa carita de no haber roto un plato, cuando es sabido que acaba con la vajilla?
R. Pues no he roto muchos. He sido muy reivindicativa, pero también muy disciplinada.
P. Vayamos a La Señora. Mire que liarse con un cura...
R. Es inevitable. Yo me lié con él cuando no era cura. Y luego he seguido porque estaba enamorada.
P. ¿Ha causado daños también en su parroquia?
R. Yo causo daños en todos lados [ríe]. Hasta en la peluquería.
P. Una serie en la que los clérigos ya no dicen que son ustedes sus sobrinas.
R. Pero sigue habiendo muchos tabúes en todas estas cosas, que son naturales. Ellos tienen sus pasiones, las normales.
P. ¿Le inquieta el celibato de los curas?
R. Me inquieta más el mío. El de los curas me parece que no es necesario. Aunque hacer el amor despista bastante. Y con el celibato uno se concentra en sus cosas y deja de dispersarse. Hacer el amor es muy desgastao.
P. ¿A usted le desborda la pasión?
R. Pues bastante. Más de lo que querría. Soy muy extrema para todo.
P. ¿La Señora tiene mucha audiencia porque la Reina ha confesado que no pierde ripio?
R. Yo creo que es porque las mujeres y sus maridos no pierden ripio. E influye que la Reina dijera que nos veía, porque es una mujer muy querida.
P. ¿La imagina viéndola en La Zarzuela?
R. Me meo de risa. O a lo mejor viéndola en una tele mientras está en el baño.
P. ¿A usted en la vida civil también le gustan desalmados, como el marqués de Castro?
R. No. A mí me gusta la gente con corazón, y conmigo él lo tiene. Yo no sé lo que sabe el espectador.
P. Que se cepilló a su padre de usted, entre otras cosas.
R. Yo sé que a mí me está queriendo. El padre Ángel también me quería, pero no me iba a cuidar, y una también se cansa.
P. ¿Siempre es mejor un marqués que un cura?
R. Suena más fácil. Y en la serie es el instinto de supervivencia. ¿Quién me va a coger si yo me caigo?
P. Dice que le hubiera gustado ser hada madrina. Saque la varita y concédale algo al presidente del Gobierno.
R. A Zapatero le concedería valor para enfrentarse a lo que sabe que tiene que hacer. Y para ser fiel al nombre que lleva su partido, socialista. Yo no veo el socialismo por ninguna parte.
P. ¿Y si volviera la varita mágica hacia Rajoy?
R. Rajoy me parece un tío muy competente, que se defiende muy bien hablando. Le daría un poco de silencio y un poco de paciencia, porque no creas más confianza en el ciudadano porque pongas pegas todo el rato al Gobierno. Al contrario.
P. Sus padres la llaman la Defensora del Pueblo. ¿Debe temblar Enrique Múgica?
R. Yo espero que no. No le voy a quitar el sitio [ríe]. Yo dejaría de dormir si me convirtiera en Defensora del Pueblo.
P. Entre sus habilidades está la acrobacia. ¿Cuál es el salto circense más grande que ha dado?
R. Enfrentarme a lo que soy. Mirarme al espejo. Encabronarme y plantarme delante de los miedos. Y eso hay que hacerlo siempre, porque si no te comen.
P. "Me pierde la boca". ¿Es muy largona o es que le fascinan sus labios?
R. Yo trabajo con los morros [ríe]. Trabajo por el morro [más risas]. Me pierde la boca porque no me callo cuando las situaciones me sacan de quicio. Aunque ya me voy callando más, me cabrean las situaciones injustas.
P. Tirando por lo alto, ¿qué director le gustaría que la llamara?
R. Siempre lo digo, pero me haría una ilusión increíble trabajar con Michel Gondry. Es uno de mis favoritos. Y me gustaría volver a trabajar con Salva García Ruiz. Me apasiona. Para mí es el director por excelencia.
P. Eso llamarla para el cine ¿Y para un sábado, George Clooney?
R. Que me llamaran todos los macizos. Ahora, para un sábado las que más me gustan son mis amigas. Al final es donde mejor estás. Tener buena relación con las mujeres es importante. Si no, no acumulas más que miedos. Una mujer es una mujer. Y el que esté para ti está para ti, y si no está para ti, que se vaya. No te vas a pelear con una amiga por un idiota.
P. "Si no fuera actriz, me dedicaría a robar bancos". Espero que no le falten papeles en las tablas.
R. Pero lo haría en plan discreto, no a lo salvaje macarra. Me vestiría de Catherine Zeta Jones, con mi cosita de neopreno apretadita, y me metería con una cuerda. Una cosa de tensión, de pasarlo bien. Luego, seguro que me llevaría lo que no es, un taco de propaganda en vez de billetes, porque soy superdespistada.
P. Usted estudia Filosofía. Para filosofar en privado, ¿mejor Kant o Javier Bardem?
R. Creo que Javier Bardem es más guapo, ¿no? Pero preferiría filosofar con una mujer. Con Hannah Arendt, por ejemplo.